Las mas tetas

Por qué todos deberíamos tener un amor de verano

Amores de verano son esos que desde antes de empezar ya tienen fecha de caducidad, son esos que por el corto tiempo y la prisa de vivir cada momento se vuelven mágicos. En mi caso no fue un amor de verano, sino de otoño, creo que eso lo hizo más mágico aún.

Con mis malas (por no decir pésimas) experiencias con las relaciones, descubrí lo importante que es tener un amor de verano (o la estación que le plazca) al menos una vez en la vida. Estamos tan acostumbrados a esas relaciones dramáticas, de peleas constantes, de estar esperando algo del otro, y sí ese algo que se espera no se da, comienza la sensación de insatisfacción.

Estamos acostumbrados a dar alargues innecesarios a relaciones que no van bien y terminan haciéndonos daño, o relaciones por no estar solos, que solo nos dejan malas experiencias y perdemos tiempo. Terminan siendo tan agobiantes estos amores, que empezamos a creer que las relaciones tienen que ser así y no hay más opciones.

Es aquí, donde el tener un amor de verano nos ayuda a cambiar esa percepción y volver a creer en el amor a lo chick flick. El tener una relación a 300 km/h, donde lo único que importa es vivir cada momento como si fuera el último, sin dramatismos ni esperar nada el otro, hace que saquemos lo mejor de nosotros y de la relación, hace que cada plan sea perfecto, hace que, en dos meses, tres meses, más tiempo o menos, se viva intensamente.

Estos amores fugaces nos enseñan a amar sin condiciones, a entregarlo todo sin esperar nada a cambio, a saber que las relaciones no tienen por qué estar cargadas de dramas y peleas, a decir te amo sin pensar si es demasiado pronto o que va a pensar el otro, a que no debe importar el pasado del otro, si no el presente que están viviendo, a no pensar en el futuro de la relación, a no perder tiempo pensando en que va a pasar o si hay algún futuro o no, a ser uno mismo sin fachadas, a disfrutar cada momento: así sea un plan muy elaborado o un arrunche.

Todos deberíamos vivir un amor de verano, para saber que queremos de nuestras relaciones, saber que no nos merecemos menos de lo que vivimos, saber que no debemos esperar nada de nadie, simplemente dar lo que nos nace, saber que se puede tener un amor a lo chick flick con final feliz, saber que no hay tiempo determinado o establecido para vivir una relación, ni una guía o reglamento que nos diga cómo deben ser las relaciones y en qué momento determinado debe pasar cada cosa.

¡Que vivan los viajes que cambian vidas y cambian nuestra forma de pensar!

¡Que vivan los amores de verano, que vuelven a hacer latir nuestro corazón, y volver a creer en el amor!

Viajemos y amemos mucho. Puede que mi historia no tenga un TO BE CONTINUE… Pero se vivió al máximo y me cambió como ninguna.

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