Las mas tetas

Límites insoportables

Cuando usted lleva solo mucho tiempo empieza a crear límites emocionales que muchas veces terminan por afectar hasta su relación familiar… no es mi caso (guiño, guiño – codo, codo) no quiere decir que lleve mucho tiempo sola. Já. Hay un límite emocional que verdaderamente encacorra y es ese que usted nunca podrá superar aunque se esfuerce y quiera creer firmemente en él. Ese exnovio del que usted huye y huye. Ese que parece un zombie. Solamente hay una opción para este tipo de personas y es meterle un balazo en la cabeza. Frío. Sin compasión… ¿ha visto a Carl Grimes? Tal cuál.

Pero lo grave no radica en su existencia, sino cuando deliberadamente le da por aparecer y ser tan amable y tan lanzado (cuando uno sabe que lleva dos pinches años con la “nueva” novia y que probablemente tengan en mente el ancianato donde van a vivir su vejez juntos) Jodás.

Eso solo quiere decir algo: quiere sexo. Yo se lo doy. No hay problema. Pero hay una cosa más grave e insoportable. El hecho que su mente esté tan llena de aserrín como para pensar que lo que realmente quiere él, es volver con usted. ¡JODÁS!

Debe tener en cuenta que ellos son como los perros, mientras usted más les muestre miedo, ellos más están ahí. Seguramente usted ya le ha mostrado debilidad, por lo que mi querida amiga, está jodida. No hay mucho por hacer. Dijo Kundera, “En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad” Esa eterna responsabilidad que usted cargará el resto de sus días por haberse enamorado de un imbécil que seguramente no la dejará en paz.

Alguna vez estuve en la exposición de Sophie Calle. La vieja se cuestiona constantemente lo insoportable que es darse cuenta de la importancia para la sociedad de tener una identidad definida y una vida propia. Los límites que impone entre su obra y el espectador, son casi nulos, hace que el espectador se meta de cabeza. El esfuerzo humano de una verdad personal está dictado por ciertos deseos de develar la realidad misma en la que se cree estar viviendo.

Luego de salir del museo, me tomé un tinto y me preguntaron, ¿Por qué ir? ¿Por qué recomendaría ir a ver la obra? Y no es que Sophie Calle me esté consignando plata por hacerle publicidad. No. Todo depende de lo que usted quería ir a ver. Cuando le cuentan, suena cómo a historias divertidas que usted indudablemente disfrutará y tal vez reirá con alguna de las fotografías. Cuando llegaba era otra cosa diferente. Las paredes le gritaban a usted un dolor y una desesperación que se esconden tras una tonalidad cálida (¿intencional o por default del museo?) qué además se disfraza de “belleza” a la hora de ver la composición museográfica de fotografía y texto. El dolor exquisito lo sentía cómo un corrientazo en toda la espalda que cuadro a cuadro le iba revelando los días de infelicidad de una persona (bien pueda usted identificarse o no) que venían tras una ruptura y que se contaban desde diferentes ángulos. Ahí es cuando uno empezaba a preguntarse cuál es el límite de lo real o de lo que la pasión imagina, entre lo que realmente duele o lo que simplemente es un: ya basta.

Así pues, usted termina escribiendo este tipo de barrabasadas en internet porque no le queda de otra. Todo esto desde una mirada absurdamente quimérica de lo que representa querer soportar esos límites ridículos que solo lo exponen a usted como realmente es: Una hueva.

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